Las imágenes captadas con ayuda de medios técnicos se basan en un curioso fenómeno óptico, por el que en un receptáculo oscuro, en el que se haya practicado un pequeño agujero en una de sus caras, se formará una imagen
óptica en la cara opuesta. La imagen formada estará invertida de arriba abajo y de izquierda a derecha, y será tanto más nítida y oscura cuanto más pequeño sea el agujero.
Este fenómeno fue descrito por Aristóteles, y el artilugio, creado aprovechando el fenómeno óptico, era utilizado para observar los eclipses. Denominado «cámara oscura» en el Renacimiento, fue mejorado con la adición de una lente convergente (una sencilla lupa, que permitía agrandar el agujero para que la imagen fuese más luminosa y al mismo tiempo más nítida), se aplicó en el siglo XVI a la construcción de aparatos que empleaban los dibujantes para calcar las imágenes formadas. En el siglo XVII sirvió de base para la invención de la llamada linterna mágica (el precedente de los proyectores de diapositivas y del cine), inventada por el jesuita Athanasius Kircher, con la que se podían proyectar dibujos realizados sobre placas de vidrio.
En el primer tercio del siglo XIX, se consiguió fijar las imágenes ópticas obtenidas con la «cámara oscura». Se fijaron sobre una superficie sensible a la luz, que se colocaba en el lugar donde se formaba la imagen.
Así, se registraron imágenes por primera vez, acontecimiento con el que surgió el invento que actualmente conocemos como fotografía.
Todos los instrumentos empleados en la captación de imágenes, desde la más sencilla cámara fotográfica hasta la más compleja, las cámaras de vídeo y cine se basan en este fenómeno óptico; lo único que varía son los sistemas de registro y los soportes en que se registran las imágenes.
Actividad recomendada 1
Construye una cámara oscura para observar la formación de imágenes ópticas.
Podrás hacerlo siguiendo el siguiente proceso:
Toma una caja (puede valer una de galletas) . Corta un trozo del cartón
en el centro de uno de los lados, cubre el agujero con una lámina
de papel de plata bien tirante, en la que previamente hayas hecho una
minúscula perforación con la punta de una aguja, y pega el papel de
plata a la caja. Recorta un cuadrado en la cara opuesta a la del papel de
plata, respetando uno o dos centímetros de margen; pega sobre la zona
recortada un trozo de papel vegetal o, en su defecto, un trozo de plástico
blanco traslúcido, cuidando de que esté bien tirante.
Puedes hacerlo de modo más rápido empleando el cartón de un
rollo de papel higiénico y siguiendo las instrucciones de la figura 14;
simplemente sujeta el papel de plata con una goma elástica y haz el
agujerito en el centro.

Colócate junto a una ventana y dirige el artefacto que acabas de
construir apuntando con el agujero, hacia un objeto muy bien iluminado.
Observarás cómo se forma una imagen muy borrosa e invertida, de
arriba abajo y de izquierda a derecha, en la superficie traslúcida que se
encuentra en el lado opuesto al agujero.
Si perfeccionas el aparato sustituyendo el agujero por una lupa, las
imágenes obtenidas serán sorprendentemente nítidas y claras.
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